¿Somos o no somos?
La «paradoja de Teseo» se pregunta: Cuando a un objeto se le reemplazan todas sus partes, ¿éste sigue siendo el mismo? El famoso barco navegado por Teseo, rey y fundador-héroe de Atenas, se ha mantenido en un puerto como pieza de museo. Al pasar de los años, algunas de las partes de madera han tenido que ser reemplazadas por otras nuevas, ya que se han ido pudriendo. Después de aproximadamente un siglo, todas las partes en este barco ya han sido reemplazadas. Ahora queda la pregunta nuevamente: ¿Sigue siendo este barco el mismo objeto que el original?
Es común preguntarnos: ¿Estamos aún en presencia de la tierra que nuestros antepasados pisaron? El pasto no es el mismo, la tierra no es la misma, el aire que respiramos ha sufrido tantos cambios en su composición, que lo que alguna vez fue muy seguramente no volverá (al menos no en su forma original). Haráclito también trajo esta duda en alguna ocasión, ya que «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos».
Literalmente nosotros cambiamos con el pasar de los años. Mudamos de piel, de cabello, hemos desechado todo aquello que ya no nos es necesario (como los dientes de leche, en la mayoría de los casos), y nuestra mente es la que mayor cambio sufre al pasar el tiempo: los gustos, sentimientos, las ideas... ya no son los mismos. La persona que fuimos al nacer, la persona que fuimos de niños, incluso de adolescentes (desconozco la edad del lector), cada uno de ellos han sido personas distintas, y aunque ellos nos ayudaron a forjar lo que actualmente somos, son personas con las que no tenemos nada que ver ahora. Muchos se avergüenzan al intentar recordar a esas personas, muchos otros añoran aquella vida del pasado esperando volver a ser como solían.
¿Pero qué hay de la persona que somos ahora mismo? Nosotros somos decisivos para la existencia de aquel que en un futuro tomará nuestro lugar en el espacio-tiempo. Nosotros hacemos lo posible por darle una buena vida a un ser desconocido, de quien no sabemos como será tanto física como emocionalmente. Será una persona que reclamará nuestros sueños, nuestros ideales, y decidirá si siguen valiendo la pena o no. Nosotros sólo seremos un recuerdo... tal vez bueno, tal vez malo, tal vez ni a recuerdo lleguemos a convertirnos y sólo seamos borrados.
¿Qué podríamos hacer después de saber todo esto? ¿Vivir mejor la vida? ¿Tratar de crear recuerdos de valor para no ser olvidados tan fácilmente? Necesitamos alzar la voz ante nosotros mismos, para definir lo que somos ahora. Tal vez para recordarnos quienes somos y no caer en el olvido. Para así ya no temer toparse con aquel recuerdo vago que creímos haber borrado, y que este pueda trepar a nuestra memoria y mostrarnos a la persona que queríamos ser, y entonces mirarnos con pena ante el espejo y derretirnos de vergüenza ante la mirada invisible pero juzgadora de todas las personas que fuimos y que anhelaban ver la mejor versión de sí mismos reflejada en nosotros.
En fin, la barca ya ha cambiado, el río en que navegábamos no está más aquí, hay cosas que fueron y nunca volverán a ser. ¿Por qué tras todo esto habríamos de aferrarnos a los deseos del crío que fuimos en el pasado? Muchas decisiones tomadas por las versiones antiguas de nosotros ahora mismo vemos lo erradas que fueron. Mejor será pensar en lo que podría gustarle al yo del futuro, seguro que esa persona es un poco más sabia de lo que somos ahora. ¡Hay que adelantarnos a la jugada! ...O tal vez sea mejor no tratar de pensar en lo que fue y lo que será, dejar que el río del tiempo pase entre nuestras piernas y sólo admirarnos por lo que nos trae. Dijo Sócrates (o dicen que dijo) en alguna ocasión: «..Haz lo que quieras. Pues hagas lo que hagas, te arrepentirás».
Es común preguntarnos: ¿Estamos aún en presencia de la tierra que nuestros antepasados pisaron? El pasto no es el mismo, la tierra no es la misma, el aire que respiramos ha sufrido tantos cambios en su composición, que lo que alguna vez fue muy seguramente no volverá (al menos no en su forma original). Haráclito también trajo esta duda en alguna ocasión, ya que «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos».
Literalmente nosotros cambiamos con el pasar de los años. Mudamos de piel, de cabello, hemos desechado todo aquello que ya no nos es necesario (como los dientes de leche, en la mayoría de los casos), y nuestra mente es la que mayor cambio sufre al pasar el tiempo: los gustos, sentimientos, las ideas... ya no son los mismos. La persona que fuimos al nacer, la persona que fuimos de niños, incluso de adolescentes (desconozco la edad del lector), cada uno de ellos han sido personas distintas, y aunque ellos nos ayudaron a forjar lo que actualmente somos, son personas con las que no tenemos nada que ver ahora. Muchos se avergüenzan al intentar recordar a esas personas, muchos otros añoran aquella vida del pasado esperando volver a ser como solían.
¿Pero qué hay de la persona que somos ahora mismo? Nosotros somos decisivos para la existencia de aquel que en un futuro tomará nuestro lugar en el espacio-tiempo. Nosotros hacemos lo posible por darle una buena vida a un ser desconocido, de quien no sabemos como será tanto física como emocionalmente. Será una persona que reclamará nuestros sueños, nuestros ideales, y decidirá si siguen valiendo la pena o no. Nosotros sólo seremos un recuerdo... tal vez bueno, tal vez malo, tal vez ni a recuerdo lleguemos a convertirnos y sólo seamos borrados.
¿Qué podríamos hacer después de saber todo esto? ¿Vivir mejor la vida? ¿Tratar de crear recuerdos de valor para no ser olvidados tan fácilmente? Necesitamos alzar la voz ante nosotros mismos, para definir lo que somos ahora. Tal vez para recordarnos quienes somos y no caer en el olvido. Para así ya no temer toparse con aquel recuerdo vago que creímos haber borrado, y que este pueda trepar a nuestra memoria y mostrarnos a la persona que queríamos ser, y entonces mirarnos con pena ante el espejo y derretirnos de vergüenza ante la mirada invisible pero juzgadora de todas las personas que fuimos y que anhelaban ver la mejor versión de sí mismos reflejada en nosotros.
En fin, la barca ya ha cambiado, el río en que navegábamos no está más aquí, hay cosas que fueron y nunca volverán a ser. ¿Por qué tras todo esto habríamos de aferrarnos a los deseos del crío que fuimos en el pasado? Muchas decisiones tomadas por las versiones antiguas de nosotros ahora mismo vemos lo erradas que fueron. Mejor será pensar en lo que podría gustarle al yo del futuro, seguro que esa persona es un poco más sabia de lo que somos ahora. ¡Hay que adelantarnos a la jugada! ...O tal vez sea mejor no tratar de pensar en lo que fue y lo que será, dejar que el río del tiempo pase entre nuestras piernas y sólo admirarnos por lo que nos trae. Dijo Sócrates (o dicen que dijo) en alguna ocasión: «..Haz lo que quieras. Pues hagas lo que hagas, te arrepentirás».
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