Deus est machina (una historia de ajedrez)
Creo que anteriormente había mencionado que soy un tanto aficionado al ajedrez. Esta vez vengo hablando sobre uno de mis juegos favoritos, para dar un poco de contexto comencemos conociendo la historia de Garry Kasparov versus Deep Blue.
Para quién no le conozca, Garry Kasparov (la forma de escribir su nombre tiende a variar) es un ajedrecista con título de Gran Maestro (GM). Se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia al vencer a Anatoly Karpov en el campeonato de 1985. (Aquí dejo un pequeño video sobre la historia de la rivalidad entre estos dos personajes, y que pienso ayudará a que conozcan más a nuestro personaje principal: Informe Robinson - La Doble K, Historia de una Rivalidad).
Durante mucho tiempo Kasparov fue considerado el mejor ajedrecista del mundo. Por lo cual fue el perfecto rival para enfrentarse a la famosa creación de la empresa IBM: Deep Blue. En 1996, el campeón del mundo de ajedrez se enfrentaba a esta supercomputadora. Haciendo uso de su experiencia jugando con ordenadores “comunes” y tácticas anticomputador, logró vencer a esta maquina experta en análisis estratégico y cálculo de probabilidades. El equipo de ingenieros de IBM decididos a no quedarse de brazos cruzados ante la derrota, deciden hacer mejoras en su creación, convertirla en algo invencible, así nace Deeper Blue.
Un año después del encuentro con Deep Blue se concreta la revancha. Kasparov se enfrentará a Deeper Blue. Una contienda de seis juegos. Kasparov, quien ha sido considerado el mejor ajedrecista del mundo desde hace más de una década, con una enorme confianza en sí mismo y una personalidad hasta cierto punto egocéntrica ha de toparse con quien será un digno rival, no sólo para él, sino para el mundo entero.
Esta vez el encuentro fue algo reñido. Garry Kasparov gana el primer juego, pierde el segundo y empata los siguientes tres. Desde el segundo juego comenzaron especulaciones de parte de Kasparov, diciendo que la computadora a estado teniendo ayuda humana, tal vez algún equipo haciendo movimientos por la computadora. En el sexto juego, después de demostrar un nivel no propio del gran Kasparov, se rinde ante la máquina, dando la victoria a la supercomputadora de IBM. Hecho histórico que ayudó a esta empresa a elevar sus ventas y a poner en boca de todos este tema que tanto fascina a las personas: ¿Son las maquinas superiores a nosotros?
Esta historia siempre me deja pensando sobre el futuro del ajedrez. Gracias a la tecnología, el juego ya no ha vuelto a ser el mismo.
Varios aficionados y profesionales del juego piensan que el ajedrez ha perdido parte de su encanto por ser ahora los ordenadores quienes rigen cómo debe jugarse una partida. Hay juegos en los que un competidor ni siquiera juega por sí mismo, simplemente imita los movimientos memorizados de partidas cuyo margen de error es mínimo y aseguran una victoria contra cualquier humano que no esté bien preparado. El juego se ha dividido en dos escuelas de ajedrez: el ajedrez romántico, y... el ajedrez actual.
El ajedrez romántico, muerto hace décadas para los que juegan en competencias. Se caracteriza por sus posiciones estratégicas arriesgadas que dan pie a batallas realmente interesantes, creativas, que difícilmente terminarían en decepcionantes tablas (empates). Son partidas que hasta cierto punto pueden llegar a ser vistas como algo bello por muchos aficionados (el curioso “ajedrez artístico” es algo de lo que tal vez luego escriba). En estas épocas del ajedrez se dieron encuentros que para los fanáticos son considerados obras de arte, partidas como “La Siempre Viva”, “La Inmortal”, “La Bourdonnais Picnic”, son algunos ejemplos. Jugadores como Paul Morphy, Adolf Anderssen, o el brillante José Raúl Capablanca son personajes que llenan de encanto esta época del ajedrez. Referirse a ellos es como hablar de genios de la literatura que se encargaron de darnos piezas dignas de admiración, en algo que para muchos es tan banal como un simple juego de mesa.
Y tenemos el ajedrez actual, que se rige por una sola ley: juega a la segura. No intentes impresionar a nadie, no intentes ser creativo, y por sobre todas las cosas, piensa “¿qué haría una computadora?”. Es normal que en juegos de élite este tipo de partidas resulten en tablas, porque ambos oponentes juegan tan bien que es preferible quedarse con medio punto que con ninguno. Muchos profesionales hoy día se entrenan con ordenadores, dejándolos que analicen las partidas con el menor margen de error posible para así poder elegir las mejores variantes al momento de enfrentar a un humano que muy seguramente tiene el mismo tipo de entrenamiento. Cosa que mata la creatividad al momento de empezar un juego y que da pie a ver partidas repetitivas, y que seguramente terminarán en tablas porque ninguno de los dos jugadores quiso arriesgar su juego.
Ya es incluso considerado un error no jugar lo que un ordenador propone, y con razón, pues son capaces de hacer miles de cálculos en segundos, sería tonto de nuestra parte ignorar sus propuestas de juego. Pero aún nos esforzamos por dominar este juego ancestral, tan bello, tan sofisticado. Y aún cuando existan variaciones como el “Ajedrez aleatorio de Fischer” o el “Ajedrez sin enroque”, debemos ser los mejores respetando las reglas del juego “normal”, es parte de la naturaleza humana el competir por ser mejores, y la mayor competencia de todas es una guerra de intelectos. Y como todo dios que intenta superarse a sí mismo, hemos creado en nuestro hijo al mayor rival de todos, un rival que ahora nos sirve de maestro, y lo condenamos por ello. Esta “inteligencia” artificial que mata la belleza de las cosas a las que tanto esmero damos, porque las hace con tanta sencillez y parece no disfrutarlas.
Bueno, no quiero tirarle tanto a la tecnología que tantas maravillas nos ha traído, pues gracias a ella puedo disfrutar más de este juego. Mientras seguiré jugando en línea y descubriendo más sobre el juego y las anécdotas que trae consigo. Por si querían saber, al final de todo Deep Blue fue desmantelada y sus partes divididas en dos para ser llevadas a museos, ahora solo son parte de la historia y recuerdo de como el hombre comenzó a descender de los cielos.
Para quién no le conozca, Garry Kasparov (la forma de escribir su nombre tiende a variar) es un ajedrecista con título de Gran Maestro (GM). Se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia al vencer a Anatoly Karpov en el campeonato de 1985. (Aquí dejo un pequeño video sobre la historia de la rivalidad entre estos dos personajes, y que pienso ayudará a que conozcan más a nuestro personaje principal: Informe Robinson - La Doble K, Historia de una Rivalidad).
Durante mucho tiempo Kasparov fue considerado el mejor ajedrecista del mundo. Por lo cual fue el perfecto rival para enfrentarse a la famosa creación de la empresa IBM: Deep Blue. En 1996, el campeón del mundo de ajedrez se enfrentaba a esta supercomputadora. Haciendo uso de su experiencia jugando con ordenadores “comunes” y tácticas anticomputador, logró vencer a esta maquina experta en análisis estratégico y cálculo de probabilidades. El equipo de ingenieros de IBM decididos a no quedarse de brazos cruzados ante la derrota, deciden hacer mejoras en su creación, convertirla en algo invencible, así nace Deeper Blue.
Un año después del encuentro con Deep Blue se concreta la revancha. Kasparov se enfrentará a Deeper Blue. Una contienda de seis juegos. Kasparov, quien ha sido considerado el mejor ajedrecista del mundo desde hace más de una década, con una enorme confianza en sí mismo y una personalidad hasta cierto punto egocéntrica ha de toparse con quien será un digno rival, no sólo para él, sino para el mundo entero.
Esta vez el encuentro fue algo reñido. Garry Kasparov gana el primer juego, pierde el segundo y empata los siguientes tres. Desde el segundo juego comenzaron especulaciones de parte de Kasparov, diciendo que la computadora a estado teniendo ayuda humana, tal vez algún equipo haciendo movimientos por la computadora. En el sexto juego, después de demostrar un nivel no propio del gran Kasparov, se rinde ante la máquina, dando la victoria a la supercomputadora de IBM. Hecho histórico que ayudó a esta empresa a elevar sus ventas y a poner en boca de todos este tema que tanto fascina a las personas: ¿Son las maquinas superiores a nosotros?
Esta historia siempre me deja pensando sobre el futuro del ajedrez. Gracias a la tecnología, el juego ya no ha vuelto a ser el mismo.
Varios aficionados y profesionales del juego piensan que el ajedrez ha perdido parte de su encanto por ser ahora los ordenadores quienes rigen cómo debe jugarse una partida. Hay juegos en los que un competidor ni siquiera juega por sí mismo, simplemente imita los movimientos memorizados de partidas cuyo margen de error es mínimo y aseguran una victoria contra cualquier humano que no esté bien preparado. El juego se ha dividido en dos escuelas de ajedrez: el ajedrez romántico, y... el ajedrez actual.
El ajedrez romántico, muerto hace décadas para los que juegan en competencias. Se caracteriza por sus posiciones estratégicas arriesgadas que dan pie a batallas realmente interesantes, creativas, que difícilmente terminarían en decepcionantes tablas (empates). Son partidas que hasta cierto punto pueden llegar a ser vistas como algo bello por muchos aficionados (el curioso “ajedrez artístico” es algo de lo que tal vez luego escriba). En estas épocas del ajedrez se dieron encuentros que para los fanáticos son considerados obras de arte, partidas como “La Siempre Viva”, “La Inmortal”, “La Bourdonnais Picnic”, son algunos ejemplos. Jugadores como Paul Morphy, Adolf Anderssen, o el brillante José Raúl Capablanca son personajes que llenan de encanto esta época del ajedrez. Referirse a ellos es como hablar de genios de la literatura que se encargaron de darnos piezas dignas de admiración, en algo que para muchos es tan banal como un simple juego de mesa.
Y tenemos el ajedrez actual, que se rige por una sola ley: juega a la segura. No intentes impresionar a nadie, no intentes ser creativo, y por sobre todas las cosas, piensa “¿qué haría una computadora?”. Es normal que en juegos de élite este tipo de partidas resulten en tablas, porque ambos oponentes juegan tan bien que es preferible quedarse con medio punto que con ninguno. Muchos profesionales hoy día se entrenan con ordenadores, dejándolos que analicen las partidas con el menor margen de error posible para así poder elegir las mejores variantes al momento de enfrentar a un humano que muy seguramente tiene el mismo tipo de entrenamiento. Cosa que mata la creatividad al momento de empezar un juego y que da pie a ver partidas repetitivas, y que seguramente terminarán en tablas porque ninguno de los dos jugadores quiso arriesgar su juego.
Ya es incluso considerado un error no jugar lo que un ordenador propone, y con razón, pues son capaces de hacer miles de cálculos en segundos, sería tonto de nuestra parte ignorar sus propuestas de juego. Pero aún nos esforzamos por dominar este juego ancestral, tan bello, tan sofisticado. Y aún cuando existan variaciones como el “Ajedrez aleatorio de Fischer” o el “Ajedrez sin enroque”, debemos ser los mejores respetando las reglas del juego “normal”, es parte de la naturaleza humana el competir por ser mejores, y la mayor competencia de todas es una guerra de intelectos. Y como todo dios que intenta superarse a sí mismo, hemos creado en nuestro hijo al mayor rival de todos, un rival que ahora nos sirve de maestro, y lo condenamos por ello. Esta “inteligencia” artificial que mata la belleza de las cosas a las que tanto esmero damos, porque las hace con tanta sencillez y parece no disfrutarlas.
Bueno, no quiero tirarle tanto a la tecnología que tantas maravillas nos ha traído, pues gracias a ella puedo disfrutar más de este juego. Mientras seguiré jugando en línea y descubriendo más sobre el juego y las anécdotas que trae consigo. Por si querían saber, al final de todo Deep Blue fue desmantelada y sus partes divididas en dos para ser llevadas a museos, ahora solo son parte de la historia y recuerdo de como el hombre comenzó a descender de los cielos.
“En Ajedrez mi palabra es cercana a la de Dios.”
- Garry Kasparov

Comentarios
Publicar un comentario